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Jesús, la semana más importante de la historia

«Pero la turba gritó cada vez más fuerte, exigiendo que Jesús fuera crucificado, y sus voces prevalecieron.» Lucas 23:23

Todo lo que tenía que ver con Jesús parece adquierir mayor intensidad en sus últimos días en la tierra, y no cabe duda de que dichos días ofrecen una clave para poder entenderlo. Las reacciones hacia él pasaron de la impetuosa celebración en un día al rechazo condenatorio en el siguiente.

Esos últimos días incluyen una escena de triunfo, la gran entrada a Jerusalén. los peregrinos llenaban las calles celebrando la fiesta. En un gesto de aprecio por Jesús, tendieron sus mantos ante él y gritaron su aprobación mientras él se acercaba. Pero frente a tan tumultuosa situación, Jesús lloró, dolorosamente consciente de que estas alabanzas eran vanas.

Y mientras la popularidad de Jesús con las masa crecía, había espías que se unían a los grupos de espectadores, atacándole con preguntas y trampas verbales. Jesús sabía que no estaba a salvo en ninguna parte, ni siquiera en la íntima reunión con sus discípulos. Durante la última comida suya con sus discípulos, uno de ellos se puso en pie y dejó el aposento alto para ir a vender a Jesús.

Con el arresto de Jesús, los agentes del poder religioso y político pudieron finalmente tenerlo en sus manos. Habían oido muchos rumores intrigantes, y esperaban que quizá él haría para ellos algún truco mágico. Jesús se negó a hacerlo. Nunca había buscado la clase de poder que ellos tenían y por eso no iba a hacer un milagro ahora, aunque su vida estuviese en juego.

Afuera, la multitud que antes había gritado, «¡Bendito el rey!» comenzó ahora a gritar repetidamente: «¡Cricifícalo!» La vida de Jesús estaba condenada. El que había salvado al mundo estaba a punto de ser destruido por él.

En dos capítulos finales seguidos, Lucas registro el día más oscuro de la historia… y el más brillante. Nadie estaba más sorprendido que los discípulos de Jesús al oir informes de que el hombre que habían visto morir el viernes andaba caminando el domingo. Al pricipio, esto pareció ser un producto de la histéria -hasta que él mismo se les apareció, y ya no pudieron negar la realidad.

Lucas incluye una escena que capta la terrible confusión de aquellos días finales. Dos de los discípulos de Jesús iba alejándose de Jerusalén, muy decepcionados. Su sueño se había terminado: todas las crecientes esperanzas de estos últimos años habían muerto con Jesús en la cruz.

Us desconocido se unió a los dos deprimidos discípulos. Notablemente, él parecía ser el único que no había oído nada acerca de la increible semana que había pasado Jerusalén. Habló con ellos, desarrollando toda la historia del evangelio, comenzando con Moisés y los profetas.

El extraño les intrigaba, y le pidieron que se quedase. Durante la comida el último eslabón se cerró en su lugar. ¡Se trataba de Jesús! No podía ser ningún otro. Sin duda estaba vivo.

La gente común. con algo mas de una pizca de cobardía, había seguido a Jesús, le había escuchado y le había visto morir (desde la distancia, para no ponerse en peligro). Pero ver a Jesús vivo cambió todo eso. El relato de Lucas comienza gozósamente, y termina de la misma manera: «Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jesrusalén con gran gozo» (Lucas 24:52). Al poco tiempo le estaban contando a todo el mundo lo sucedido.

Supongamos que hubieses estado en la habitación cuando llegó la noticia de la resurección de Jesús: ¿La habrías creído? ¿Qué te hace creerla ahora?

AMÉN

 

Author: admincla

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